Visitación Montero Miranda


Nace en Oliva de Plasencia(Cáceres) el 4 de abril de 1929. Cursó los estudios de Magisterio en Plasencia y ejerció por cinco años en la provincia de Cáceres. Durante esos años ya empezó a manejar pinceles y colores dibujando sobre cojines de seda. Solamente a los treinta y ocho años empieza a pintar cuadros con "vistas" de pueblos de su Extremadura. Más tarde llega a Sevilla, donde reside desde hace varios años, empieza a estimular su sensibilidad y dirige su atención también hacia rincones de esta ciudad, que aparecen en sus telas.
Visitación Montero, que nunca ha tenido intención de exponer sus obras,es, en razón de las circunstancias de su vida, una artista ajena a todo estudio de Bellas Artes. Ha seguido siempre el impulso de una vocación auténtica. Este aislamiento le ha permitido conservar una visión pura del mundo y realizarla en sus obras. Por consecuencia, el suyo ha sido un proceso de formación autodidácta, guiado desde el comienzo por un instinto artístico imperioso anterior a toda cultura y más fuerte que todas las obligaciones de su vida familiar.
Los pueblos de su tierra natal, con sus plazas animadas de serenas parejas paseando en traje típico y rodeadas de casas de paredes entramadas, la labor del campo extremeño y bellos rincones de Andalucía son los temas dominantes de sus cuadros, ejecutados con estilo ingenuo y colorido fresco. La suya es una pintura Naïf en el sentido más auténtico del término, porque lo que nos dá es una visión nueva, que no se origina en ninguna teoría, sino en la observación directa de la Naturaleza.
Visitación Montero, que podemos considerar como el primer caso de genuina pintora Naïf estremaña, pinta con gran cuidado de no usar subterfugios con la realidad. La sumisión al modela revela el fervor con que contempla la Naturaleza, exaltado lo real y dándole doble intensidad. El trabajo lento y minucioso se nota en todos sus cuadros. Repàrese, por ejemplo en las copas de los àrboles o en el follaje del cuadro que representa el Parque de María Luisa, donde ella pinta hoja tras hoja con un detallismo que determina el sorprendente efecto estructural de todo el cuadro, o en algunas paredes de las casas extremeñas, auténtico arte de albañilería, dibujadas piedra a piedra, canto a canto, con líneas muy nítidas.
Otras veces sobreañade colores para obtener el relieve que se ha propuesto y al mismo tiempo yuxtapone toques muy pequeños de colores vivos "reinventando" el puntillismo ,técnica de algunos neoimpresionistas.
Visitación Montero logra traducir en pintura sus sentimientos que revelan un inhabitual amor de la vida. Ella, a sus casi ochenta años, queda fiel a sus primeros sueños, de ahí aquella su gracia, del corazón y del espíritu que de consecuencia reflejan sus cuadros y que nos hace recordar que la bondad y la inocencia existen todavía en este mundo.